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SOBRE EL TIEMPO PRESENTE

El Gobierno piñata (y 2)
De los numerosos piñateros que golpean duro con un palo el presupuesto nacional, el más grueso comensal es José Francisco Peña Guaba. Hijo de un líder de dimensiones sublimes a nivel popular, no heredó ninguna de sus virtudes, a no ser el vozarrón con el forzado tono y la cadencia del padre.

Nació para colmar la necesidad que tiene de sí mismo, pero como nunca estudió, ni en sentido bíblico se ha sabido ganar la vida con el trabajo, está aferrado a las siglas milagrosas que supo dejarle su progenitor: BIS (Bloque institucional socialdemócrata).

Yo no tengo la culpa si personajes como ése vuelven épicas las breves notas que escribo, no me complace para nada convertirlas en mérito; hubiera preferido erigir una catedral de palabras bajo el ojo azul del cielo de la isla, pero todo se ha estancado en el oprobio.

¿El país ha perdido la capacidad de repudio, y está a merced de estos tramposos que han hecho de la política un miserable negocio? ¿Nos parecemos todos a ese hombre que de sablazo en sablazo ha vivido siempre guindado del presupuesto y exhibe su rostro frío y melindroso sin ningún rubor? ¿No es él un héroe verdadero, porque en una sociedad hipócrita, en la cual el cinismo llega hasta la más alta magistratura; no bastan ni el valor ni el honor, y frente a estos turpenes qué pueden significar un pensamiento atormentado, unas obstinaciones rectas, un discurso de deseo?

Leonel Fernández lo designó en INESPRE, una chatarra inverosímil que únicamente continúa con vida porque esto no es un país, sino una caricatura.

Como su presencia carnal es siempre un excedente, habla sentado; y modula un énfasis vocal que asemeja el timbre de leyenda del padre, la única moneda de cambio que posee.

Mirándolo me he desembriagado de todos mis sueños de justicia, y les he dicho a mis endebles confidencias que se resignen al desamparo; porque esa estatua, ese bloque monolítico de negatividad, es además indispensable para la “gobernabilidad”.

¡Oh Dios! He descubierto el mundo a través del lenguaje, como alguna vez también escribió Jean Paul Sartre.

Y quisiera darles a mis palabras la violencia de esos relámpagos que iluminan la tierra.

Pero yo sé que cuanto digo no desordena nada, que al deslizarse sobre la realidad dominicana las palabras se convierten en rituales.

!Incluso las palabras están prostituidas entre nosotros! Y todo continuará igual.

Leonel Fernández seguirá usando el presupuesto nacional para mantener a esos zánganos, y par reproducirse a sí mismo en el poder; mientras yo permaneceré con la cabeza llena de nieblas, perdida ya la inocencia, asqueado y cuestionando al cielo:

-¡Oh, José Francisco Peña Gómez, tan bueno, tan altivo, por qué nos dejaste esa carga tan pesada!

El autor es Ensayista

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